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Envejecer con éxito es un don que se trabaja por dentro


“Envejecer con una visión positiva no es buscar a como dé lugar perpetuar las bondades de la adultez, sino sentir en mi análisis que he vivido cada una de mis etapas a plenitud o, cuando no fue así, que acepté las deudas que dejó y seguí avanzando; disfrutando el hoy": Dr. Juan Carlos Molina. 



Día a día sobran las recetas para "envejecer bien": cremas y terapias antiedad, todo tipo de informaciones para prevenir enfermedades, programas para aumentar la capacidad física, etcétera. 
 
¿Pero qué significa realmente un envejecimiento exitoso? ¿Es vivir esta etapa libre de patologías, es contar con solidez económica, es seguir luciendo bello? 
 
El geriatra de Clínica Alemana, doctor Carlos García, explica que en términos técnicos, el concepto implica estar funcionalmente activo, en el plano físico y mental, y eso se logra por dos componentes: la genética y la interacción con el ambiente. "Entonces, alcanzar esa meta requiere una acción positiva y trabajosa por tratar de modificar las condiciones ambientales que influyen negativamente en la capacidad genética". 
 
Así, agrega, la mayoría de las personas de 60 hoy, "si se cuidan y relacionan con el medio ambiente de forma adecuada, envejecerán satisfactoriamente, incluso si empiezan a desarrollar las enfermedades propias del envejecimiento normal". 
 
Sin calificativos 
 
Calificar la vejez en términos de "éxito" es inadecuado para la socióloga y gerontóloga Paula Araníbar. "Qué ocurre si por diversas razones no alcanzas ese mínimo de funcionalidad requerido. ¿Envejeces fracasadamente?". 
 
A su juicio, no hay vejez "buena o mala". "Uno envejece como ha vivido, es lo que tocó no más, ya sea producto de elecciones o circunstancias de la vida". Comparte la importancia de llevar una vida sana y del autocuidado, pero no le parece que la sociedad ponga tanto énfasis "en las exigencias de comportamiento llegada la vejez y en lo que hay que mejorar, sino en aceptar las carencias y potencialidades". 
 
El geriatra Juan Carlos Molina, del Hospital Clínico de la U. de Chile y Centro Médico MEDS, coincide con los demás profesionales en que envejecer con una visión positiva no es buscar a como dé lugar perpetuar las bondades de la adultez. "No pasa por ir a la Luna a los 90 años, por tener una jubilación alta o por lucir más joven de lo que soy, sino por sentir en mi análisis que he vivido cada una de mis etapas a plenitud o, cuando no fue así, que acepté las deudas que dejó y seguí avanzando; disfrutando el hoy". 
 
Es mantenerse activo en lo físico, mental y social, añade. Pero, en la opinión de la socióloga, teniendo claro que cabe la posibilidad de que, pese a los esfuerzos, el deterioro puede llegar igual, porque es parte de la vida y no por eso uno valdrá menos como persona. 
 
El doctor García reconoce que no se puede presionar, por ejemplo, a las personas mayores que se vuelvan súper deportistas para alcanzar el modelo del "viejo choro o exitoso". "Eso no es hacerlo envejecer de forma exitosa necesariamente. Quien no quiere dejar de fumar o prefiere seguir sedentario tiene la libertad de elegir y sentir que igual envejece con satisfacción. Pero debe asumir la responsabilidad de sus actos, no recriminar ni esperar a la larga la misma salud y calidad de vida del que sí se cuidó", comenta. 
 
Para Molina la motivación, por ejemplo, para hacer ejercicio, trabajar después de jubilado o querer lucir una buena imagen no debiera ser el miedo a perder la capacidad física, monetaria o la belleza, "sino querer seguir participando legítimamente en la sociedad, y en los más diversos ámbitos sin importar la edad", precisa el geriatra. 
 
Claro que esta actitud sería más fácil de asumir, acota el médico de clínica MEDS, si existiera la tranquilidad de que aunque uno caiga en la dependencia lo van a cuidar y valorar igual. Por ende, estima que se necesita un cambio cultural y que los mayores expresen sus necesidades, y que el mercado y el Estado amplíen opciones y servicios que satisfagan e integren a los diversos tipos de vejez 

Por María Paz Carvajal
Fuente: El Mercurio
17 de septiembre de 2007