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Envejecimiento Activo:
Una enérgica “cruzada” por el bienestar del adulto mayor
La población mundial está envejeciendo progresiva y rápidamente. Este escenario representa el tremendo desafío para la sociedad y para las ciencias médicas de generar un sistema de salud que no sólo permita prolongar la existencia, sino que también la calidad de vida de las personas. 




De acuerdo a datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que en el mundo hay unos 605 millones de personas de más de 60 años. Para el 2025 se espera que la cifra llegue a 1.200 millones, de los cuales dos de cada tres vivirán en países en desarrollo.

 Las cifras de la OMS sobre la población mundial muestran cómo en 2002, la estructura se asemeja a una pirámide (ver cuadro), y cómo en 2025 se espera que evolucione a una distribución más cercana a un cilindro demográfico, con un importante ensanchamiento de la población adulta y adulta mayor.

En algunos casos, la población de personas mayores a 60 años llegará a un tercio de la población, como es el caso de Japón (35,1%), Italia (34,0%) y Alemania (33,2%).

Es indudable que uno de los mayores logros de la medicina moderna es que la esperanza de vida de un ser humano haya aumentado. Hace medio siglo las personas morían antes de cumplir los 50 años de edad y eso ha cambiado. Pero este mismo triunfo supone un nuevo desafío para las ciencias de la salud: generar las condiciones para que los adultos mayores puedan vivir la vida con el mayor bienestar posible.  

Envejecimiento activo, el concepto 

 En 1990, la OMS definió envejecimiento activo como “el proceso de optimización de oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen”. Esta idea aparece como una propuesta para hacer frente a un panorama que se veía venir. Y es que el envejecimiento a escala mundial impondrá mayores exigencias económicas y sociales a todos los países, por lo que esta iniciativa requiere una respuesta multidisciplinaria en integral desde todos los sectores de la sociedad.  

Alrededor de esta idea de “envejecimiento activo” está siempre presente el término “salud”, que para la OMS involucra un bienestar físico, mental y social. De ahí la importancia que da este organismo a la generación de políticas y programas que incentiven las relaciones entre la salud mental y social. En tanto que la palabra “activo”, alude a la posibilidad de los adultos mayores de participar en instancias sociales, económicas, culturales, espirituales y cívicas a partir de la enorme experiencia que ellos poseen en distintos ámbitos de la vida.  
 
 Hacia la “revolución del bienestar” 

 Como era de esperarse, el proceso de envejecimiento de la población ocurrió primero en países ricos. Para el Dr. Juan Carlos Molina, geriatra de MEDS y del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, ahora, el envejecimiento está ocurriendo, en un 70%, en países pobres. Es decir, en naciones que van a envejecer y “a lo mejor” van enriquecer. De ahí que el foco, a la hora de generar ideas, esté en generar adultos mayores que lleguen en buenas condiciones para vivir plenamente su vejez, y en la transmisión de conceptos saludables desde la infancia. 

“La visión es tratar que este proceso permita que los niños se sepan cuidar desde pequeños, que sepan elegir y vivir bien. Y para eso, tenemos que desarrollar una sociedad en base a la salud y no a la enfermedad”, dice el Dr. Molina y agrega: “Hay decisiones en el transcurso de la vida, que al igual que las decisiones en las inversiones, te pueden hacer subir tus acciones o ir a la quiebra. Entre las decisiones que te hacen subir tus ‘acciones’ está el practicar ejercicios, el no fumar y el ser educado. Y entre las que te hacen ir a la quiebra están el tener un bajo nivel educacional, ser sedentario y fumador”, explica el geriatra. 

Los pilares del envejecimiento activo o aquellos aspectos que pueden hacer “subir las acciones” de la vida son la nutrición, el ejercicio, la participación social, la educación y el liderazgo. “Ellos deben ocupar espacios y no estar esperando ahí donde los dejen estar. Falta el empowerment de los adultos mayores, que se crean el cuento, que se organicen y que pidan cosas, porque se están conformando con lo que les dan”, señala el Dr. Molina. 

Como iniciativa, el envejecimiento activo pretende inculcar a las personas, desde la cuna y a través de la educación y el compromiso con la salud, un estilo de vida saludable “Pero para eso, necesitamos que la sociedad incorpore a los adultos mayores, que se les abra, realmente, puertas y no se les discrimine negativamente. Falta una discriminación positiva a la integración como un elemento más de esta sociedad. Y, en ese contexto, los médicos, tenemos que asumir un rol mucho más activo en el manejo efectivo y no efectista de la enfermedad, porque en algún grado somos ‘enfermólogos’, pertenecemos a un ministerio de enfermedad y somos como nadie efectivos, o parcialmente efectivos, en el manejo de la enfermedad. Pero esa es la mitad del trabajo. Tenemos que desarrollar elementos de salud, para al fin tener un ministerio de salud. Y en ese aspecto tenemos que invertir tiempo en educar al paciente para que sea responsable de su salud y enfatizar en elementos muy poco apoyados por nosotros los médicos como es la práctica de la actividad física y el ejercicio”, dice el Dr. Molina. 

Cambio de foco 

El desarrollo del envejecimiento activo requiere, necesariamente, de un enfoque gerontológico, es decir, considerar todos aquellos elementos sociales, arquitectónicos, y del ambiente en general, que inciden en la salud del adulto mayor. En este contexto, es determinante comprometer a la población, educarla y pesquisar factores de riesgo para que se protejan de ellos. “Muchos de los tratamientos pueden ser farmacológicos, pero el gran porcentaje de la enfermedades no transmisibles uno podría posponerlas el mayor tiempo posible en la medida en que, desde niño, uno se cuide con hábitos saludables. Dejemos la comida chatarra, no hagamos más certificados para que los niños no hagan gimnasia, que hayan más horas de actividad física…”, dice el geriatra. 

El proceso en Chile  

Para el Dr. Juan Carlos Molina la población adulta mayor de Chile se duplicará en 25 años más. “En ese contexto si sólo esperamos atender enfermedades y no a promover salud estaremos en un sistema que irá a la quiebra en cuanto a recursos económicos, humanos y de pérdida funcional de cada una de las personas que hace que el sueño de vivir más y mejor no se logre”, explica el geriatra que es uno de los precursores de la Universidad de la Tercera Edad (UPTE), y creador de la página www.envejecimientoactivo.cl, que con 12 mil visitas, es el sitio web de la materia más visitado en habla hispana. 

Para el Dr. Molina, en nuestro país, aunque se ha avanzado, las mejoras han sido lentas y de manera desorganizada. “Ha faltado una mayor contribución de técnicos y, en ese contexto, debería hacerse un salto para generar mayor capacitación de recursos humanos, tanto a nivel local como en el extranjero de geriatras, arquitectos, asistentes sociales, sociólogos, etc. Ha habido propuestas, pero falta la integración intersectorial. Debe estar todo integrado en un mundo integrado”, explica.

Por otra parte, el personal médico especializado en la atención de pacientes adultos mayores es escasa. En estos momentos existen alrededor de 30 geriatras en Chile certificados por CONACEN y se necesitan 260. 

El arte de envejecer (recuadro) 

Prolongar años sin calidad de vida, es prolongar dependencia. “Y eso, no es lo que quiere el adulto mayor, ni quiere nadie”, señala el Dr. Molina.

Según un estudio realizado por investigadores de la U. de Michigan, EE.UU., y del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano de Alemania, la mayoría de la población de la tercera edad afirma sentirse alrededor de 13 años más joven que su edad cronológica. Para esta investigación se analizaron las percepciones sobre la edad y la satisfacción con el envejecimiento de 516 hombres y mujeres mayores de 70 años, a lo largo de seis años. De esta manera, descubrieron que a medida que pasa el tiempo se sienten más jóvenes, y que sólo una mala salud reduce la brecha entre la edad percibida y la real.  


Por otra parte, los hombres se mostraron más satisfechos que las mujeres con su propio envejecimiento. No obstante, a medida que pasaron los años que duró el estudio, la satisfacción de los hombres disminuyó más que la de las mujeres. “La autopercepción de salud es vital. Si yo me percibo sano, que participo, que puedo contribuir, que sigo activo, en el fondo, se me olvida la edad, porque no es un tema de ‘años’, sino de ‘daños’. Cuando nacemos somos como gatos, porque tenemos, más que siete vidas, siete reservas funcionales y en la medida que envejecemos vamos perdiendo reservas funcionales hasta que llegamos a un punto en que la función no mantiene la vida o ‘punto de no retorno’ según mi persona. Lo increíble es que a este punto podemos llegar por desuso, por pobreza, por aislamiento, por soledad, por depresión, etc. De ahí la importancia de mover el cuerpo y el alma, para tener una persona activa física, mental y socialmente”, señala el geriatra. (Ver más información en www.envejecimientoactivo.cl). 
 
Fuente: Revista In Invitro